Cómo afectará al vino español el acuerdo con Canadá

lunes, 13 de marzo de 2017

La primera impresión ha sido dulce, pero si se confía todo el éxito en este mercado a la eliminación de los aranceles, puede que usando el lenguaje de los catadores el final de boca sea amargo. Básicamente porque la barrera fundamental que dificulta el triunfo comercial de cualquier vino extranjero en Canadá es otra.

Las bodegas españolas brindaron el 15 de febrero pasado por la aprobación en la Eurocámara del tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA, por sus siglas en inglés). El acuerdo, que ahora tiene que ser ratificado por las Parlamentos de todos los países comunitarios, abaratará las exportaciones europeas de vinos –junto con las de frutas, verduras, quesos y otros alimentos– a un mercado con alto poder adquisitivo.

Sin embargo, quedan dudas sobre su eficacia a la hora de suavizar el férreo control que las provincias canadienses ejercen sobre la comercialización de bebidas alcohólicas. En nueve de estos diez territorios (la excepción es Alberta), la importación, distribución y venta de licores está regulada por los Gobiernos provinciales a través de empresas públicas conocidas como liquor boards.

Estos monopolios estatales seleccionan los productos a la venta en las tiendas, estandarizan los precios según el tipo de bebida y envase, determinan su ubicación en los estantes y regulan la publicidad y las promociones de las marcas.

El sistema ha dado lugar a quejas de las bodegas extranjeras por el trato discriminatorio que sus productos reciben respecto a los de sus competidores canadienses. En su boletín de febrero, la Federación Española del Vino (FEV) señalaba al respecto que las condiciones no eran justas en algunas provincias. “Por ejemplo, en ocasiones los productos locales tienen regímenes fiscales favorables o pueden acceder a más canales de venta que los importados”, explica Elena Cifuentes, responsable de internacionalización de la FEV.

En ese sentido, sostiene que “el tratado supone una oportunidad para establecer condiciones equitativas para los vinos europeos”. En su página web, la Comisión Europea asegura que, en el caso del vino, además de los derechos de aduana, el CETA eliminará otros obstáculos comerciales, aunque no precisa cuáles ni cómo.

María Sancho, directora general de Aranleón, bodega valenciana que ha conseguido listar su vino ecológico en el catálogo del liquor board de Quebec, no cree que el acuerdo vaya a romper los monopolios porque “son la vaca lechera de las provincias”. Añade que “son empresas muy rentables que, además, han sabido conectar muy bien con el consumidor”.

El sistema de distribución “no está en tela de juicio”, coincide Carolina Rouco, directora de exportación del albariño Paco y Lola, que también ha logrado colocarse en las tiendas de Ontario y Quebec. Al igual que Sancho, Rouco mantiene que el principal beneficio del acuerdo será aumentar la competitividad de los productos españoles frente a sus principales competidores: los vinos australianos, chilenos y argentinos.

Los liquor boards de Ontario y Quebec, por ejemplo, organizan licitaciones para incorporar vinos de gama alta a sus listados de especialidades. Las bodegas españolas esperan que, al mejorar la relación calidad-precio de sus productos por efecto de la desgravación arancelaria, aumenten sus posibilidades de ganar estas subastas a sus rivales australianos y suramericanos. "Si nuestro precio CIF [incluye el coste del flete y el seguro en caso de daños durante el transporte] es más competitivo, nos dará un plus de ventaja en las licitaciones", explica Sancho.

Sin embargo, la FEV recuerda que las tarifas son ya bastante bajas. De acuerdo con el Icex, Canadá grava con 1,87 céntimos de dólar canadiense por litro a los vinos que no excedan el 13,7% de alcohol por volumen y con 4,68 céntimos a los que no superan el 14,9%. Para los fortificados, como el jerez, y los espumosos, como el cava, no existe arancel.

Las bodegas españolas esperan que tratados como el cerrado con Canadá y otro que la Unión Europea negocia con Japón, les ayude a compensar las pérdidas que podría ocasionar el brexit y la salida de Estados Unidos del TTIP (siglas en inglés de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión).

Los casos de Aranleón y Paco y Lola demuestran que, pese a las barreras comerciales existentes, penetrar y tener éxito en el mercado canadiense no es imposible.

Aranleón es una pequeña bodega familiar que produce vino ecológico en la aldea de Los Marcos, en Valencia. Como la mayoría de vinicultores valencianos, la firma se vio obligada a exportar desde el primer momento, ya que competir por un lugar en el mercado nacional es muy difícil. “Desde los tiempos de los íberos hasta hace muy poco, en Valencia solo hemos producido vino a granel porque no hemos sido capaces de crear una identidad de marca como los rioja o ribera”, admite María Sancho.

En 2007, la empresa ganó una licitación de la Société des alcools du Québec (SAQ) para vender vino ecológico en las tiendas de esta provincia francófona situada al centro-este del país. "Una vez dentro, nos consolidamos y el año pasado hemos conseguido que nuestro vino sea el más vendido de su categoría en las tiendas del monopolio de Quebec", resalta Sancho.

De las 40.000 botellas que comenzaron exportando en 2007, el año pasado llegaron a las 100.000 y este año prevén alcanzar las 115.000. "Estamos muy contentos, los pagos son muy buenos. Nos hacen pedidos mensuales y como todo está negociado con anterioridad, puedes saber con anticipación si van a realizar alguna promoción. Está todo perfectamente organizado", comenta.

Aranleón exporta a 13 países, pero Canadá es su mercado más importante, seguido de Estados Unidos y Alemania. También es el más rentable. Mientras que una botella de su Blés Crianza, una mezcla de monastrell, tempranillo y cabernet sauvignon con seis meses en barrica y dos años de latencia, cuesta en Alemania 9 euros, en Canadá vale 14,90 dólares canadienses (10,4 euros).

Paco y Lola, bodega propiedad de una cooperativa de 400 viticultores en el valle del Salnés, en Pontevedra, introdujo su albariño en el monopolio de Ontario en septiembre de 2013 y en el de Quebec, en diciembre de 2014. Además, cuentan con representación comercial en las provincias de Nueva Escocia, Terranova y Labrador, Columbia Británica y Alberta. "Estamos intentando colocar albariños en todas las provincias", indica Carolina Rouco.

Las exportaciones de la empresa han crecido en los últimos dos años desde las 12.000 a las 58.600 botellas. Canadá representa ya el 11% de sus exportaciones totales y el año pasado se situó como su tercer mercado más importante, por detrás de Puerto Rico y por delante de Irlanda.

La compañía espera que esta tendencia se afiance, ya que el año pasado consiguieron que el monopolio de Quebec dé a su vino la condición de achat continu (compra continua), lo cual le permite mantenerse de forma permanente en los lineales de las tiendas. En Ontario, entre tanto, realizarán esta primavera una prueba en la sección de listado general con un albariño de gama media.

Rouco destaca también la buena disposición del consumidor canadiense a pagar precios altos por un producto de calidad. Mientras que el precio medio de una botella de la denominación de origen Rías Baixas en el mercado mundial es de 3,92 euros, en Canadá se vende a 4,75 euros.

Gracias a esfuerzos como los realizados por estas empresas, entre 2011 y 2015, las exportaciones españolas de vino a Canadá han crecido un 27% hasta superar los 88 millones de euros, según un estudio de Icex publicado en octubre pasado. España se sitúa así en la cuarta posición en el ranking de países importadores, detrás de Estados Unidos, Francia, Italia y Australia, con una cuota del 5,43%.

En 2016, las exportaciones alcanzaron los 87 millones de euros, el 3% del total, de acuerdo con la FEV. El país norteamericano fue el noveno destino en términos de valor y el decimocuarto en volumen, con más de 30 millones de litros. Y confirmando lo manifestado por las bodegas, es también el mercado donde el vino español obtiene el cuarto precio más alto: una media de 2,86 euros por litro. A manera de referencia, un litro de vino español en Estados Unidos cuesta una media de 3,50 euros y, en China, 1,46.

Bodegas y expertos del sector coinciden en que la clave para tener éxito en Canadá es contar con un buen agente comercial, alguien que conozca bien el mercado, las normas de etiquetado de cada provincia y el funcionamiento de los monopolios.

"El tratado de libre comercio reconoce las denominaciones de origen como figuras de calidad y las protege, lo que les aporta seguridad y garantía", resalta Eva Mínguez, directora de marketing del Consejo Regulador de la denominación de origen Rías Baixas. "Pero más allá de la propia figura de los consejos reguladores,  el trabajo final de venta lo tienen que realizar las bodegas".

 

Fuente: Cinco Días

PIR

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