El atractivo turístico de Ouadane, la ciudad caravanera que apenas resiste a la arena y al abandono en Mauritania

lunes, 19 de diciembre de 2016

Ouadane, o "dos ríos" de acuerdo con su significado en árabe, es la ciudad más antigua del desierto de Mauritania, que llegó a competir con otros espacios de saber magrebíes como Fez o Kairuán y en la que hoy, prácticamente tragada por las arenas, apenas viven 3.500 personas.

La ciudad ancestral mauritana -que con Chinguetti y Ualata son los únicos testigos de aquella cultura caravanera del desierto- acoge estos días el Festival de las Ciudades Históricas, un evento patrocinado por el presidente del país Mohamed Uld Abdel Aziz.

El nombre de Ouadane remite al río donde vivían los ulemas y a otro donde crecían palmeras datileras; la ciudad está situada a unos 620 kilómetros al norte de Nuakchot y con sus otras dos ciudades hermanas, está inscrita como patrimonio mundial de la Unesco.

A pesar de que fue fundada en 1142 por tres ulemas llegados de la ciudad marroquí de Aghmat que emigraron al país tras estallar el conflicto entre los reyes almohades y almorávides, Ouadane fue mencionada por primera vez en el siglo XV por exploradores portugueses que intentaron edificar en ella una especie de centro comercial.

Su ubicación en una zona montañosa a 400 metros de altura sobre el nivel del mar hizo de ella una ruta predilecta de las caravanas del Sáhara. Con ello, Ouadane ganó una reputación económica que atrajo a habitantes de tribus beduinas para instalarse en sus alrededores.

En aquel tiempo, los actos de pillaje frecuentes en tierras que escapan del control de una autoridad central llevaron a los habitantes de Ouadane a construir un muro gigantesco que cercó toda la urbe.

Según los historiadores, este muro fue edificado con piedras, arcilla y otras sustancias importadas de Fez y Kairuán, y llegó a medir un metro y medio de espesor y cuatro metros de altura, tamaños que se doblaban en los portales de entrada.

El muro protector, cuya gran parte aún sigue visible aunque erosionada, cuenta con cuatro portales, que dan a direcciones diferentes y con una función precisa. En el pasado estos portales estaban vigilados por esclavos escogidos por su fuerza, y en cada portal había un tambor que se tocaba en el momento de cierre o de apertura.

Uno de los portales, Youm Mabrouk, el más grande, es la entrada principal de la muralla y fue destinado al paso de las caravanas procedentes de los países árabes del Oriente Medio y del sudeste desde Mali. Mientras, el portal más pequeño, Ghasba, servía para el paso de las caravanas procedentes del Valle de Senegal. Los dos portales restantes se destinaban al paso del ganado, de los trabajadores y habitantes de la ciudad.

Rebasando la muralla, el primer edificio que fue construido en esta ciudad fue la mezquita que tiene un alto alminar que se destaca sobre el resto de construcciones y que ahora solo tiene una función turística. La ciudad también tiene pozos conocidos y otros secretos que los habitantes guardaban celosamente y que servían para suministrar agua en tiempos de guerra o de cualquier amenaza.

Los habitantes de Ouadane instauraron asimismo un sistema de cohesión social que se manifestaba en su contribución colectiva en la construcción de las casas de cada familia. Construyeron además una casa de acogida destinada a los visitantes atendidos de forma rotatoria por los autóctonos de la ciudad.

De acuerdo con el erudito mauritano Sidi Abdulah Uld Hadj Brahim, Ouadane, suponía una escala imprescindible de las caravanas que traían esclavos y oro de Sudán hacia el norte de África y que volvían con sal, cereales y telas.

Pero no era solo una ciudad de comercio, sino también de sabiduría: era clásico decir que en Ouadane los discípulos, para ilustrarse, sencillamente esperaban a la primera persona que saliese de la mezquita de la ciudad, o llamaban a la puerta de cualquiera de las casas en la llamada "avenida de los 40 ulemas".

Ouadane es la primera ciudad que contó con un minarete en toda Mauritania, y en la que se celebró el primer sermón del viernes y desde donde se expandió el rito maliki (procedente de Marruecos y del Ándalus). Este esplendor económico y cultural se apagó con el cambio de las rutas comerciales hacia el sur y las costas del Atlántico y con el declive de las medersas o escuelas de enseñanza coránica tras la llegada del colonialismo occidental.

Todavía queda hoy en día algo del atractivo turístico de las ruinas de aquella ciudad ancestral entre montañas aunque tiene que resistir ante las condiciones de inseguridad en la región del Sáhara y el Sahel que han hecho desertar a los turistas.

Fuente: abc.es

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