Colombia vivirá una histórica segunda vuelta que se disputará entre la izquierda y la derecha del país.

lunes, 28 de mayo de 2018

Los resultados de las urnas no permiten por ahora a ninguno de los dos finalistas cantar una victoria segura anticipada. De acuerdo con el boletín 54 de la Registraduría –escrutados los votos del 100 por ciento de las mesas–, la ventaja de Duque (7’569.693 votos) sobre Petro (4’851.254 votos) es de 2’718.439 votos. Una cifra muy pequeña comparada con el número de colombianos que no votaron por ninguno de los dos, pero que sí fueron a las urnas, que llega a 7’207.762 votos.

Esto es lo que hace pensar que los 21 días que transcurrirán entre este lunes y el próximo 17 de junio, cuando se realizará la segunda vuelta, serán de una intensidad jamás vista.

Este 27 de mayo fue la primera vez que las urnas ungieron a un candidato de izquierda y a otro de derecha, claramente definidos por sus tendencias ideológicas, para enfrentarse por el poder, lo que deja ver la agudeza de la confrontación.

Fue la primera vez que cinco candidatos, todos de alta respetabilidad, representando la diversidad, llegaron a la primera vuelta presidencial con expectativas de elegibilidad.

Por primera vez, los colombianos le dieron su apoyo a un exguerrillero (Gustavo Petro), nacido a la política de un proceso de paz, para estar cerca de la primera magistratura del Estado otorgándole el pase a la segunda vuelta.

Jamás, en la historia política de la nación, las urnas se habían llenado tanto de votos. De acuerdo con el boletín 54 de la Registraduría, la participación ciudadana había sobrepasado el 53 por ciento, un nivel jamás alcanzado en una elección.

Castigo a partidos

Los partidos políticos tradicionales (el Liberal y el Conservador), que controlaron el poder durante más de 150 años hasta hace poco más de dos décadas, quedaron reducidos a su mínima expresión. Este domingo tuvieron su peor papel en la historia electoral.

El Partido Liberal, con su candidato Humberto de la Calle, apenas obtuvo 399.180 votos, su más precario respaldo en las urnas en toda su historia. Al punto de que no consiguió siquiera el suficiente apoyo para que el Estado le devuelva la reposición de los votos logrados.

De la Calle, derrotado electoralmente, pero erguido, dejó a sus seguidores en completa libertad para decidir en segunda vuelta y ahora tendrá que responder al Estado, con su partido, por los más de 9.000 millones de pesos de anticipo entregados para su financiar su campaña.

El liberalismo, tras su fracaso rotundo de este domingo, quedó profundamente dividido. El jefe de la colectividad, César Gaviria, ni siquiera apareció en medios, mientras la disidencia que lideran más de 20 congresistas y varios exministros y líderes anunció que tomará una decisión independiente de lo que decida la dirección de la colectividad, para la segunda vuelta.

El conservatismo, el otro de los partidos tradicionales, quedó también profundamente atomizado. Sus congresistas, que se habían dividido entre Iván Duque y Germán Vargas, por no tener candidato propio, buscan ahora refugio.

Un tercer derrotado, desde el punto de vista del fracaso de las maquinarias, fue Germán Vargas Lleras. Ni siquiera obtuvo los 2’150.000 votos que Cambio Radical, su partido, obtuvo para Senado en las recientes elecciones legislativas.

En cambio, Álvaro Uribe se consolidó una vez más como el gran elector de las últimas dos décadas.

Uribe fue el gran ganador de la jornada, como quiera que fue el creador de la coalición que obtuvo la mayor votación para pasar a segunda vuelta y el gran “padrino” del candidato Iván Duque. Uribe fue el creador de la estrategia ganadora.

 

Fuente: El Tiempo

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